Como una marea
acumulada
silenciosa
así, te recogiste de las costas de mi alma.
Se acalló el ensueño
y también nuestras voces
derramadas en el tiempo cambiado.
Lo que fue
ya nunca volverá a ser.
en el lado opuesto de éste espejo fracturado
atrapados
pasear los recuerdos
de nuestro tiempo en principio perfecto.
Tú, amabas tu libertad ¿lo recuerdas?
pués, hoy, viajas de su mano
hacia otras tierras.
Te he dejado ir de mis pensamientos
y tu rostro incólume
sostiene sonrisas de arcoiris.
Oh... dueña del mundo
dueña de casi todo
y dueña de casi nada
cuando te elevas y desapareces
en tu alfombra mágica de hermetismo.
¿Qué más podríamos pedir al término?
quizá, entregarnos a un último beso
(callados...)
el que inevitablemente nos haría recordar
tu deseo ya cansado...
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